En otras palabras, la factibilidad operativa busca responder si el proyecto puede funcionar en la práctica, no solo en teoría. Evalúa si los recursos humanos tienen las competencias necesarias, si los sistemas y equipos disponibles son suficientes, y si el proyecto puede integrarse sin afectar negativamente la productividad o el funcionamiento habitual de la organización.
Este tipo de factibilidad es especialmente importante en proyectos complejos o que requieren cambios significativos en la forma en que opera una empresa. Por ejemplo, si una empresa quiere implementar un nuevo sistema de gestión de inventarios, debe analizar si su personal está preparado para usarlo, si los procesos actuales pueden adaptarse, y si la infraestructura tecnológica lo soporta.
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